Camino del norte - Día 3 - Deba a Markina-Xemein
Era una etapa dura, no había ningún bar-restaurante-super en todo el camino así que había que cargar un poco más. Me levanté bastante tarde (7:30?), esa etapa la gente se la tomó muy en serio y quedaba poca gente. No vi a Nicolleta, la chica del turbante estaba fumando fuera y Kenneth y Oscar dormían a pierna suelta, eran los últimos de la habitación.
Me fui a desayunar un cafecito, un "natas" y a caminar. Dejábamos el mar por 3-4 etapas. El camino subía subía, transcurría entre pinos. Econtré muy poca gente, el trío tra-la-la con el que coincidí en Orio, la alemana de la bufanda comiendo una manzana, una pareja y un guiri intentando robar fruta de un jardín.
Ya al final, cuando ya no quedaban energías había una bajada brutal que te acababa de romper las piernas. Allí delante vi como bajaba la pareja de Barcelona: él destrozado, caminando hacia atrás.
Llegué al albergue a eso de las 16:20 y ya no había sitio. Nada más llegar encontré la alemana que se alejaba del albergue buscando un teléfono para llamar a alguna casa de huéspedes. Así que llamé desde el móbil y en lo que llamaba nos alcanzaron los de Barcelona así que reservé para 4 y nos vinieron a buscar en coche. No podíamos caminar más.
Puesto que nadie se podía mover todos encargaron el menú para cenar. A mí no me apetecía así que me fui a comprar cuatro cosas para picar un poco. De camino a la tienda me encontré con el grupo de valientes que habían llegado antes al albergue. Se les veía bastante frescos, y se remojaban los pies en el río. Yo hice lo mismo, los pies estaban contentísimos :)
Cené en el jardín que era precioso y los del menú comieron dentro... Estaba sentada fuera con la pareja de BCN y Paco de Valencia, que eran el segundo turno de cena. Con buen criterio prefirieron comer en el jardín :)
Charlamos hasta tarde y a la hora de acostarse yo me agencié la botella de vino. Cuando ya me iba a retirar Gabriel me paró, me vio con el vino y le apetecía un trago. Así que charlamos un ratito más, ya no quedaba nadie.
El descanso estaba bien merecido.

